27 de noviembre de 2008

Top five de películas tiernas

Así es este blog. Un año y pico sin posts y de repente, aparece otro. Por algo es anarco, no?

Se me ocurrió hacer top fives, me encantan los top fives y sobre todo, si se trata de cine. Y para arrancar, sale uno de películas tiernas.
Hablando con mi compañera, que de esto sabe mucho –al menos, mucho más que yo- me tiró una idea que me pareció un dardo en el medio del blanco, y es que para que una película pueda ser considerada tierna, uno debe encariñarse tanto con el protagonista que debe querer que le vaya bien, pase lo que pase y cueste lo que cueste. Condición necesaria, no suficiente. Desde ahí, rearmé el ranking que había preparado incialmente, con un pequeño cambio.
Me quedaron afuera innumerables películas que chorrean ternura, dulzura, amor y cuchi cuchis, pero me parece que las que quedaron, ocupan su lugar de manera justa. Me refiero a películas como Billy Elliot, Una historia sencilla (David Lynch haciendo algo tierno!), Quisiera ser grande, Bernardo y Bianca, y cientos de etcéteras más. El que sigue es mi top five y los que quieran agregar, comentar, discernir o mandarme a laburar, serán bienvenidos.


Este es mi top five de películas tiernas:

Puesto Nº 5: El perfecto Asesino (Léon) 1994



Un filme lleno de sangre y de escenas ultraviolentas, hermosamente contrastadas (y aplastadas) por la frescura, la ternura y la gracia de ella y sobre todo, por el amor que brota entre ambos. Un amor que coquetea con lo prohibido y a la vez respeta a rajatabla los límites de lo platónico. Hay varios momentos tiernos a lo largo de la película y todos vienen de la mano de Natalie Portman, pero el que más me gusta es el del juego de adivinar el personaje.
El filme también significó el salto a la fama y consagración de dos actores descomunales, que dejaron la impronta de un amor como no hay otro igual.







Puesto Nº 4: Mi nombre es Sam (I am Sam) 2001




Traté de evitar películas que contengan golpes bajos pero me pareció justo hacer una excepción con Mi nombre es Sam, porque los golpes no son tan bajos y porque, me parece, Hollywood nunca nos había dado ni nos volvió a dar tanta ternura junta. Dakota Fanning (¿es extraterrestre?) en su rol de la mejor hija del mundo no para de tirar zapallazos de dulzura durante toda la película, conciente de su condición de “persona mayor” de la familia debido al estancamiento en el desarrollo cognitivo de su papá, compensado con creces por su infinita capacidad de amar. Adorable pero lacrimógena…pero más adorable.



Puesto Nº 3: Valentín 2002


Tener a Rodrigo Noya de muy pequeño (de más pequeño) en el reparto de una película otorga un hándicap indescontable para un ránking como este. Agresti fue por más y se trajo a Carmen Maura, que encarna a una abuela tan gallega como se pueda ser, desplantada por un hijo cruel (aunque más cruel como padre y mucho más como esposo) interpretado por el mismo director. La fórmula Valentín * (1+ abuela) otorga a la película un lugar merecidísimo en este top five, porque tanto el niño per se como su relación con la abuela, llenan la pantalla de momentos adorables. Highlight: la vieja narra la historia de amor entre su marido y ella a Valentín con mucha nostalgia y pasión, y al terminar el relato, el pequeño le da un abrazo que lo es TODO. Decreto que ese es el momento más tierno de la historia del cine nacional.


Puesto Nº 2: El Milagro de P. Tinto 1998



Detrás de esa máscara de humor desopilante, absurdo y surrealista, se esconde una montaña de amor y una inocencia que conmueve hasta al más amargo de los empleados municipales. Esta comedia española de fines del siglo pasado tiene su climax de ternura en las escenas finales, cuando se producen, en este orden, despedida-reencuentro-encuentro de padres e hijos que desde hacía décadas se debían momentos de felicidad. Una de esas escenas, la despedida entre P. Tinto y Joselito al son de “Mirando al mar”, me deshace.

Bajo el palio de la luz crepuscular
cuando el cielo va perdiendo su color
quedo a solas con las olas espumosas
que me mandan su rumor
Ni un lejano barquichuelo que mirar
Ni una blanca gaviota sobre el mar
yo tan sólo recordando la aventura que se fue
la aventura que en sus brazos amorosos disfruté
bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular
Mirando al mar soñé que estabas junto a mí
Mirando al mar yo no sé que sentí
que acordándome de ti, lloré
La dicha que perdí
yo sé que ha de tornar
y sé que ha de volver a mí
cuando yo esté mirando al mar


http://www.imeem.com/people/sXqXUY/music/0r7f3OTt/jorge_seplveda_mirando_al_mar/



Si bien la película está repleta de momentos tiernos, yo creo que el epicentro de la dulzura es Luis Ciges, protagonista del filme, quién rozaba las ocho décadas cuando rodaron. Premio merecido para un actor de enrome talla que formó parte de más de cien películas y nunca había sido actor principal, hasta que los Fesser hicieron justicia.



Puesto Nº 1: Amelie (Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain) 2001



Qué puedo decir….nunca en mi vida una película me pegó tanto y tan bien. El antídoto ideal para la depresión, la soledad, la angustia, el mal humor y el desamor. Además de ser una hermosa obra de arte (todo está bien hecho) la historia –desde la ternura- obliga tener un punto de vista diferente al que estamos acostumbrados, a tratar de disfrutar de cada cosa que nos pasa, a darle importancia a lo importante...al menos por un rato y aunque quede bañado en cursilería.
Audrey Tautou, adorable, encarna a la adulta Amelie que ya en su infancia me derrite con su forma de ser. Una joya del cine francés (¿vieron que pueden hacer filmes divertidos?) de la mano de un genial J.P. Jeunet, que ya me había maravillado con la oscura Delicatessen.